sábado, enero 23, 2016

HOGUERA. Minicuento.


jueves, enero 21, 2016

ÉL. Minicuento.


sábado, enero 16, 2016

SOBRE NUESTRA PIEL. Minicuento.


jueves, enero 14, 2016

EL MAL. Minicuento.


martes, enero 12, 2016

EL SOL. Minicuento.


lunes, enero 04, 2016

EL INFIERNO. Minicuento.


sábado, enero 02, 2016

50 AÑOS. Minicuento.


viernes, enero 01, 2016

LAS BRUJAS. Minicuento.


POR TI. Minicuento.


sábado, diciembre 12, 2015

domingo, diciembre 06, 2015

martes, diciembre 01, 2015

Coloquio. Micro video cuento.


lunes, noviembre 23, 2015

Babel. Micro video cuento.


Robot. Micro video cuento.


Monterroso después del fin del mundo. Micro video cuento.


Amor gótico. Micro video cuento.


Nunca. Micro video cuento.


En mis tiempos. Micro video cuento.


Época muda.


Una flor. Micro video cuento.

lunes, diciembre 30, 2013

Mis Tweets más RT de 2013

viernes, julio 05, 2013

LA OTRA FORMA DEL VENENO por José Luis Zárate


En ocasiones, cuando Londres se debatía entre la lluvia y la niebla, Holmes cedía a la melancolía, a la solución de droga al 7%, a sus recuerdos.
- ¿Sabe, Watson, que uno descubre que la peor arma no es el filo o el revolver? Es el veneno lento. Hay un par de casos en que una bala habría sido más misericordiosa. A veces, como en el caso de nuestro pobre Sr. Baskerville, se usa el miedo como arma, que sea el temor el que se levante contra la víctima, o la culpa y a veces el amor, la tristeza, la soledad. Tarde en descubrir que el suicidio era un asesinato. El motivo era baladí. Si el Profesor Moriarty tomó parte fue, tal vez, porque deseaba probar una nueva forma de matar. El cuarto de la víctima intacto. Ni un rastro de otra persona cuando decidió colgarse. Lo extraño es que escogiera un dintel para la cuerda. Que había derribado una escultura que descansaba ahí para hacerlo. ¿Por qué? ¿Para qué tomarse la molestia en los últimos momentos? En fin, los detalles en este caso no importan. Había residuos sobre la estatua que un buen cristal de aumento mostraron, ya sabe mis métodos. No puede ocultarse de mí un hurón, un sabueso real, una criatura que se mantuvo el tiempo suficiente en un lugar para dejar múltiples rastros. No había nada que su especie considerara adecuado en ese sitio, nada cómodo, nada pertinente. Así que era fácil deducir que fue obligada, amaestrada a permanecer ahí. ¿Por ello se colgó ese pobre hombre? ¿Para huir de esa bestia? Fue cuestión de seguir a los amaestradores, de encontrar a uno que gastara más de lo normal. El desgraciado no sabía siquiera que su mascota había sido el arma. Miré otra forma del veneno. Oh, mi querido Watson, pude tocar al mal. Era negro. Con qué miedo, con qué espanto, lo escuché graznar (no me lo esperaba, debo confesarlo): Nunca más.

viernes, junio 28, 2013

Una breve reseña de "All work and no play makes Jack a dull boy” de Jack Torrance por José Luis Zárate


El indudable éxito editorial de la obra (póstuma) de Torrance parecería un desatino, basado más en cuestiones extraliterarias que en méritos propios. Sin embargo si dejamos a un lado los titulares, encontramos una obra sólida, concisa, cuidadosamente planeada. Este es el trabajo de una mente enfocada totalmente en estas líneas. En una primera impresión el libro parecería sólo la reiteración infinita de una frase. Esa frase al ser repetida una y otra vez se vacía de significado. Es una nada. Una nada concreta. Podemos ver, leer realmente, el vacío, la nada. Esa es una de las maravillas del texto. De pronto, unas páginas más adelante, la tipografía del texto cambia. Se alinea en forma diferente. Eso nos indica un cambio. Sin embargo la frase es la misma. Pero dejamos atrás el canto de la sirena (una de las tantas referencias ocultas en esta magna obra) y despertamos. El diseño topográfico nos muestra algo diferente. Entonces el texto vuelve a tomar significado. ¿Es una denuncia cifrada? ¿es un lamento, una proclama? No lo sabemos, la hoja nos muestra la frase perfectamente justificada a la derecha (una frase por renglón). No suficiente para llenar la hoja. Hay un vacío. Una parte blanca junto al texto. Somos conscientes, entonces, que el vacío que hemos leído no es el texto. Estuvo ahí, en la hoja y no en las letras. El blanco nos parece, entonces, monstruoso (Moby Dick, naturalmente aparece citado no sólo aquí sino a lo largo de la obra misma). Páginas concretas de horror. Nunca fuimos más consciente de lo que oculta la palabra, las letras, la civilización misma. Eso bastaría para convertir este libro en un clásico del siglo, pero Jack Torrance tenía en mente mucho más. Ese no es más el primero de los juegos tipográficos, de los mensajes de esta novela. Desde la obra de Pierre Menard (su magnifica primer novela y la obra posterior) nadie había lanzado una propuesta tan ambiciosa. Torrance se propone, con esta obra, mostrarnos la psique oculta del siglo XX. Obra Rorschach fue llamada con desprecio por críticos apresurados. "Ha ciertos autores le publican hasta su lista de lavandería" o "El McDonald de la literatura" han llegado de decir. Sin embargo las continuas reimpresiones, la creciente revaloración crítica, el hecho de que es libro de cabecera de una generación de nuevos escritores (Torrencistas, se llaman, Overlookianos también), el baladí asunto de la exitosa cinta ganadora del Oscar basada en este libro, la han colocado en el imaginario colectivo. ¿Qué leemos en esta obra? Se han escrito innumerables estudios críticos y hasta hagiografías de Torrance. Sin embargo es un error unir vida y obra. Este libro no trata sobre los tiempos y hechos de su autor. Es un análisis de la cultura misma. Una denuncia. Insospechadamente un lenguaje nuevo, una nueva forma de leer. La tipografía cobra sentido entonces. Lleva al lector por caminos nuevos, por formas, espacios, por principio estéticos inéditos. Nos enseña en su reiteración que hay más formas de leer las letras y por ende al mundo. El cuidadoso análisis de cada página puede leerse en los diferentes libros y congresos organizados en honor a esta obra magna. Sus defensores (y sus detractores) enarbolan el Pulitzer, el Nacional Book Award que se le han dado como una muestra (a favor y en contra) de sus características intrínsecas. Es un libro que es a la vez una pintura (se ha llegado a exhibir en la Galería Nacional sus páginas), y un lenguaje, una estética, una propuesta, un acertijo. La obra nos guía por abismos, por sorpresas, por juegos lúdicos y doctos juegos literarios metarreferenciales. Hay un avance en la obra misma y lo que es el vacío y la nada en las primeras páginas se va convirtiendo en un mantra, un camino espirtitual en las páginas últimas. El que la frase se lea solitaria en la penúltima hoja nos regresa la palabra, y el que el final sea una hoja en blanco nos otorga (Jack Torrance nos lo da) el universo.

Torrance, John Daniel “Jack”, (1978)  All work and no play makes Jack a dull boy. Derry, Maine. Pennywise Press.